Martes 11 de Diciembre, 2018

Las calles saturadas en el 19/S

Las primeras horas después del sismo del 19 de septiembre fueron críticas para la operación de las calles de nuestra ciudad, ya que la atención a la emergencia se convirtió en la prioridad y nuestra gestión de la infraestructura vial no estuvo a la altura de las circunstancias.   Las

Las primeras horas después del sismo del 19 de septiembre fueron críticas para la operación de las calles de nuestra ciudad, ya que la atención a la emergencia se convirtió en la prioridad y nuestra gestión de la infraestructura vial no estuvo a la altura de las circunstancias.

 

Las calles no tardaron en congestionarse, y ante fallas en el suministro eléctrico, la falta de preparación de los usuarios en la liberación de los carriles para la logística de atención a la emergencia y la alta demanda en la operación vial, se acentuó el caos. Con calles detenidas por el tránsito, grandes multitudes concentradas en puntos de apoyo, familias buscando encontrarse y vialidades cerradas, la capacidad de respuesta de vehículos de emergencia y el traslado de apoyos y maquinaria estaba muy por debajo de lo necesario, incluso días después de ocurrido el sismo.

 

Los planes de atención a las emergencias de una urbe como la nuestra requieren de protocolos de respuesta en los sistemas de movilidad, durante y después de una crisis. El sismo dejó lecciones importantes ante las que debemos actuar de manera horizontal, sin excusas ni pretextos: de ello depende la construcción y reconstrucción de una metrópoli que pueda estar preparada y sea capaz ante sus habitantes.

 

Hablar de los ecosistemas de movilidad ante emergencias como la que vivimos hace un mes es entender que trabajar en nuestra resiliencia es un brazo de ejercicio colaborativo, que el espacio urbano es finito y que la mejor manera de que funcione es hacer eficiente su uso, con la activación de múltiples opciones, especialmente aquéllas que ocupan menos espacio, seguridad vial, menos uso de gasolina y mayor multimodalidad. Vialidades congestionadas de automóviles particulares, con una tasa de ocupación promedio de 1.2 personas no sólo son ineficientes en el día a día de nuestras calles, lo son en casos de emergencia. La primera lección a aprender en esta crisis es que invertir en movilidad sustentable es invertir en movilidad resiliente.

 

Las circunstancias demostraron que los medios de movilidad más eficientes eran aquéllos que permitían mayor eficiencia en el uso de las vías. En ese sentido, la caminata y bicicleta se reafirmaron como las alternativas más eficientes en traslados y costos, gracias a su flexibilidad, rapidez y certeza en el trayecto, sin estar sujetas a condiciones viales impredecibles, incluyendo la gestión del estacionamiento. La bicicleta demostró, hasta a los más escépticos, no ser sólo un medio recreativo o de deporte; sino por el contrario, ser un medio de transporte eficiente y ágil, sin depender de fuentes externas de energía. Gracias a ella no sólo pudo llegar la ayuda de punta a punta, pudieron reunirse familias y trasladarse rescatistas.

 

Los sistemas integrados de transporte público jugaron también su papel con una cobertura gratuita como parte de las acciones gubernamentales y llegando a donde el auto no pudo hacerlo. La expansión de la red de servicio de superficie especialmente, así como la mejora hacia el usuario a través de elementos como el confinamiento de carriles fueron claves para la atención y la garantía del servicio en momentos posteriores al sismo, así como elementos básicos para vehículos de emergencia. La liberación de los carriles izquierdos para la logística de emergencia es fundamental para los momentos de crisis, la preparación de los usuarios a través de carriles confinados, así como con la capacitación y examinación en la obtención de las licencias es toral.

 

Por ello, en el Plan de Reconstrucción de la CDMX la inversión en movilidad sustentable deberá ser un eje fundamental. Sin excusas, es necesario invertir más en los sistemas promovidos por el Plan Integral de Movilidad y el de Seguridad Vial, de haberlo hecho desde hace algunas décadas, nuestra ciudad hubiera estado mejor preparada para atender las emergencias. Invertir en el impulso a una movilidad sustentable no sólo mejora las condiciones de los 23 millones de viajes metropolitanos diarios, atiende también la obligación que tenemos a cuidar los protocolos de actuación ante emergencias, cualquiera que éstas sean. Los siguientes pasos deberán ser expansión decidida en estos sistemas: la mejora de áreas peatonales, la expansión de infraestructura ciclista y redes de transporte público confinado. Sólo así se construye la resiliencia en nuestra infraestructura vial.

 

#Ciudadanía19S

 

 

 

caem

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